domingo, 15 de enero de 2012

OVNI EN USGO (O COMO UNA PAREJA ES ELEGIDA PARA LOS AVISTAMIENTOS)

OVNI EN USGO (O COMO UNA PAREJA ES ELEGIDA PARA LOS AVISTAMIENTOS)



En la población ribereña de Miengo, existe una cala con su correspondiente playa llamada de Usgo, milagrosamente hoy en día poco visitada por turistas foráneos. Esta mencionada playa y población, se ubican muy cerca de Cuchia, en la ribera oriental de la ría de San Martín, compartiendo dicho accidente geográfico con la conocida y turística Suances, todas a la vera del mar Cantábrico. En la entrada de Usgo nos recibe un bonito mirador, desde el cual se domina un soberbio paisaje, con el islote de Los Conejos a la izquierda, teniendo a nuestros pies, en el fondo de la ensenada, la bonita y pequeña playa que nos ocupa.

En esta descrita playa de Usgo, iba a ocurrir uno de los avistamientos OVNI más famosos de nuestra región. Serían las 20:00 horas de una fría tarde-noche de diciembre del año 1988 cuando, como de costumbre, diversos coches estaban estacionados en el dicho mirador. En su interior sus ocupantes conversaban y miraban hacia el mar, como muchas tardes que allí se citaban para estos momentos de asueto. Dos de ellos, Fructuosos y Ana, comentarían tiempo después el avistamiento del cual iban a ser testigos. La noche, aunque fría dadas las fechas, se encontraba en calma, y solamente se escuchaba el relajante rumor marino.

Es muy curiosa la descripción que proporcionaron cuando divisaron por primera vez la extraña luz:

“Parecía que en la línea del horizonte, alguien había encendido una luz…al principio pensábamos que se trataba de un barco, pero Ana se extraño y me puso en guardia al advertirme que se movía muy rápido y que venía hacia nosotros, hacia la costa.”

Al poco tiempo, ya mas cerca la extraña luminosidad, pudieron observar mejor los detalles y los colores que desprendía. Era alucinante, según los sorprendidos testigos. Parecían las atracciones de feria, con sus luces parpadeantes y de colores. Eran varias luces, al menos dos, una amarilla fija y otra roja intermitente que describía círculos. Al parecer, estas luces formaban parte de algo sólido, que la penumbra de la noche y la distancia a la que se encontraba, impedían distinguir. Pero poco a poco se acercaba.

Esta aproximación, trajo consigo el descubrir detalles hasta ahora ocultos. Para los testigos, el cuerpo de lo que fuera aquello, realizaba un curioso movimiento giratorio, similar a una peonza, y llego a colocarse a no mas de 30 metros de los ya atemorizados y curiosos testigos. Estaba a unos 40 metros de altura. Entonces, Fructuoso, pudiéndole más la curiosidad que el miedo, salió del coche. Pero solo un momento, ya que Ana, muerta de miedo, le suplicó que arrancara y que abandonaran el lugar, maniobra que ya estaban realizando los demás vehículos que se encontraban en la cala, asustados, sin duda, por la extraña aparición que ellos también estaban viendo.

Así, presurosos y atemorizados, tomaron la pequeña calleja que llega a la carretera comarcal que une las poblaciones de Mogro con Mar, a la altura de la cerrada curva de Miengo.
Pero en este justo lugar, Fructuoso, a pesar de las protesta de Ana, decidió dar media vuelta y dirigir su vehículo de nuevo a la dichosa cala de Usgo, con la esperanza de volver a ver al extraño objeto. Pero este ya no estaba allí, o por lo menos no le divisaron en esta ocasión. La última vez se encontraba al oriente de la playa, sobre un saliente rocoso que la costa dibuja en el horizonte. Aunque ya no había, como decimos, en ese momento, ni rastro de la extraña aparición.



Un tanto contrariado Fructuoso y muy aliviada Ana, abandonaron por segunda vez este escenario, tomando la carretera con dirección a Mogro. Fructuoso tenía la esperanza de volver a verlo sobre la costa, ya que la mencionada carretera la bordea en dicha zona, pero nunca jamás volvió a  aparecer, por lo menos para nuestros testigos, claro está. A pesar de esto,  nuestra pareja protagonista, al parecer, iban a ser tocados por la varita de los avistamientos OVNI. Y además por partida doble. He aquí sus nuevas experiencias pocos meses después…

Viajaban por la antigua carretera nacional Santander-Bilbao, a su paso por la población de Castañeda. Era noche cerrada. De repente, una sorprendente luz amarilla, apareció frente al coche, del tamaño de un balón de fútbol, volando a una velocidad considerable, con una inquietante trayectoria de impacto con el automóvil. Pero cuando el impacto era inminente, la extraña esfera luminosa pasó por encima del vehículo, realizando una maniobra, si en verdad estaba dirigida por algo o por alguien inteligente, realmente temeraria para la integridad física de la pareja, que a punto estuvo de hacerles  dar un volantazo y terminar en la cuneta, presa de los nervios y de la sorpresa. El “balón” luminoso, había rozado el coche pasando por encima del techo y perdiéndose hacia el cielo.

Pero Ana iba a tener una más inquietante experiencia, si cabe, con este tipo de objetos luminosos, de pequeño tamaño, pero muy conocidos en el ámbito ufológico…

 A partir de las extrañas experiencias reportadas por ambos mandos aéreos durante la Segunda Guerra Mundial, donde describían pequeñas esferas luminosas que se acercaban a los aviones, penetrando en ocasiones dentro de las carlinga de pilotaje de la aeronave. Los pilotos pensaban que estaban dirigidas inteligentemente, por el enemigo, ya que parecían realizar maniobras de espionaje. Pero al acabar la contienda y contrastar los datos, jamás se halló explicación alguna. A partir de allí, los entonces llamados “combatientes fantasmas” (foo-fighter), fueron al parecer avistados y descritos por innumerables testigos.

Como decíamos, Ana iba a tener una tercera terrorífica experiencia. Ocurrió a principios del año 1989, sobre las once de la noche, cuando nuestra protagonista se disponía a dormir en su domicilio sito en el pueblo de Sobarzo. Al poco de apagar la luz, una gran luminosidad se cuela por la ventana. Al principio, Ana no le da mucha importancia, ya que piensa que se trata de algún coche o tractor cuyos focos reflejan en el cristal. Pero pasaba el tiempo y la intensidad era enorme, hasta el punto que iluminaba toda la habitación, como si fuera de día. Muy asustada, avisó a su hermana, la cual también pudo comprobar el extraño fenómeno. Un tanto dubitantes, se acercaron a la ventana y pudieron observar el origen de la luz. Se trataba de una especie de faro, a unos 200 metros de la casa, sobre una colina en la zona de Cabárceno. Se podría pensar que se trataba de un potente foco de un vehículo o una linterna de fortísimo haz, pero lo que mas sobrecogió a las dos hermanas era que el haz de luz no se dispersaba (como ocurre con los rayos de tipo láser, para que el lector se haga una idea), dada a la distancia en la que se encontraba, y que además de esto se dirigía milimétricamente hacia la ventana de su habitación. Según las asustadas testigos:

“Parecía que la luz iba metida en un invisible tubo, que impedía que se dispersara…estaba enfocado directa y justamente hacia la ventana de mi habitación…después de un rato, el faro se apagó, y la loma quedo oscura, como siempre…”

Estos casos aquí descritos de la mencionada pareja, fueron publicados por Mariano Fernández Urresti en le periódico regional Alerta, poco tiempo después de que se hubieran producido.

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